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    SUEÑOS PROHIBIDOS ~JOE & TU~

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    ale_95_12
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    01112009

    SUEÑOS PROHIBIDOS ~JOE & TU~

    Mensaje por ale_95_12




    Prólogo

    Mayo
    Joe Jonas volvía a la carga.
    ________ miró los dígitos luminosos de su despertador. No había pasado ni una hora desde el último orgasmo. Al menos eso era lo que había deducido por los gritos de la mujer y el gemido de satisfacción de Joe. Y otra vez volvían a empezar. ¿Qué le pasaba a aquel hombre?
    O mejor dicho, ¿quién estaba con aquel hombre? Una mujer afortunada, desde luego. Rubia y con una talla 100, como ________ había visto con sus propios ojos. Mientras que ella, con una discreta talla 80 y sin un orgasmo desde que se mudara a aquel apartamento el año pasado, estaba obligada a oír los continuos golpes en la pared que separaba las dos viviendas.
    Bueno, quizá no estuviera obligada a escucharlos. Podía irse al salón, poner un CD de Sting en el equipo estéreo y ahogar los jadeos. Eso había hecho durante el primer asalto. O al menos eso había intentado. Patética como era, no había resistido la tentación de volver al dormitorio para escuchar el apoteósico final. A juzgar por las reacciones que llevaba provocando en su novia durante seis meses, Joe orquestaba unos finales realmente formidables.
    Y parecía dispuesto a repetir la proeza, según indicaban los jadeos de Miss Silicona. Nunca un hombre había hecho gemir así a ________. Exceptuando a aquel idiota de Sherman que le aplastó la cabeza contra el cabecero y a punto estuvo de provocarle una conmoción cerebral antes de darse cuenta de que los gritos de ________ eran de socorro y no de aliento para que empujara con más fuerza.
    Joe nunca cometía una equivocación semejante. Era evidente que conocía a las mujeres, por cómo las había fotografiado para la colección de bañadores que publicaba aquel mes el Instant Replay. ________ estaba convencida de que su novia era la chica con el biquini morado de la portada. Su certeza no se basaba en que la hubiera visto salir del apartamento con un tanga, pero las medidas de sus pechos parecían las correctas, y su rostro lucía la expresión y los pómulos marcados de una modelo profesional.
    Sí, Joe conocía bien a las mujeres, como atestiguaban los gritos de placer femenino que traspasaban la pared. Gritos que fueron subiendo de tono e intensidad, en la misma proporción que la inquietud de ________. Esperó a que los jadeos de Joe se unieran a la mezcla sonora, pero en vez de eso volvieron a oírse los gemidos de su novia.
    —Sí, sí, sí, sí… —sus gritos repetitivos delataban a toda una mujer multiorgásmica, sin duda.
    _________ se levantó de la cama y se dirigió hacia el equipo estéreo del salón. Golpear la pared con el puño no era una opción. Llevaba seis meses escuchando la sinfonía coral dos o tres veces por semana, y si aporreaba la pared a esas alturas estaría revelándole a Joe su particular curiosidad auditiva.
    Tal vez debería comprarse un vibrador y apañárselas ella sola, pero con eso estaría admitiendo que no iba a acostarse con un hombre a corto, medio ni largo plazo. Y su optimismo innato le hacía conservar la esperanza.
    A la luz de una farola que brillaba tras la ventana, introdujo un CD en el equipo y subió el volumen. A continuación, decidió que se comería un plátano para la satisfacción oral. Dios, necesitaba a un hombre. ¡Una cita!
    Por desgracia, la decisión que había tomado el año anterior había reducido drásticamente las posibilidades. Su mejor amiga, Shauna, atribuía la culpa a la personalidad propia del signo Cáncer. Fuera cual fuera la razón, tenía un don para atraer a aquellos hombres que hubieran sido recientemente abandonados. Y una vez que ella sanaba sus corazones rotos, todos seguían su camino. Por lo visto, no les gustaba que les recordaran que una vez habían sido extremadamente frágiles y vulnerables.
    Le dio un mordisco al plátano. Un pobre sustituto comestible. El mundo de los hombres parecía establecer una división cada vez más clara entre los que eran rechazados y los que ya estaban comprometidos. Shauna había dado excepcionalmente con un espécimen sin compromiso y con el corazón intacto, y ahora era su prometido. Ver a Shauna paseándose con la expresión de una mujer que podía tener sexo siempre que quisiera no ayudaba a _______ a sobrellevar su frustración en absoluto.
    Como dama de honor de su amiga, ________ tenía que acompañar a Shauna a Divine Events, la empresa organizadora de bodas. Era una agencia fabulosa para cualquier chica que disfrutara de una vida sexual activa o, al menos, de la perspectiva de tenerla. En la recepción vieron el libro rojo forrado en piel, cuyas páginas llenas de fantasías sexuales estaban destinadas a ser arrancadas. Al menos eso era lo que decía Shauna, quien ya había arrancado bastantes. Pero ella tenía un hombre con quien poner en práctica esas fantasías, mientras que ________ tenía que sufrir la tortura de vivir junto a un dios del sexo con ojos pardos y cuerpo hecho para el pecado. Joe era un hombre comprometido cuando se mudó allí, y seguía siéndolo. Era lógico. _______ no podía imaginarse a nadie abandonándolo. Joe ofrecía una combinación letal de carisma, encanto y una pequeña dosis de malicia.
    ________ había observado su malicia desde lejos, pero había visto su encanto muy de cerca, en el lavadero de los apartamentos. Después de encontrarse allí por casualidad un sábado por la mañana, Joe y ella habían descubierto que tenían tanto en común para hablar mientras la ropa se lavaba que desde entonces se había convertido en una costumbre. Sin embargo, ella jamás podría confesarle que oía sus orgasmos a través de la pared. Era una verdad demasiado embarazosa.
    Porque realmente tenía orgasmos increíbles. A pesar de Sting y los mega decibelios, podían oírse los gritos frenéticos, roncos y agudos de la pareja que compartía el momento sublime.
    No había más remedio. Tendría que conseguir un vibrador… o un hombre de verdad, cargado de testosterona, dispuesto a complacerla y con garantía absoluta de que la llevara al orgasmo



    Última edición por ale_95_12 el Dom Nov 01, 2009 4:00 am, editado 1 vez
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    Mensaje el Lun Nov 02, 2009 9:37 pm por Sadery

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    Mensaje el Lun Nov 02, 2009 9:38 pm por Sadery


    Conchale casi me da un infarto!! esas fotos de Joe son buenas... pk será...? ^^

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    Mensaje el Lun Nov 02, 2009 10:22 pm por lorena

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    Mensaje el Lun Nov 02, 2009 10:23 pm por lorena

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    Mensaje el Mar Nov 03, 2009 4:26 pm por ♥♪LauBlue♪♥

    Hijaa!! Siguee!

    Mensaje el Mar Nov 03, 2009 9:36 pm por thalia_JB_

    por ke se estan rrepitiendo los cap!!!!!!!!

    Mensaje el Mar Nov 03, 2009 11:05 pm por jonas_x_ever

    sigueee!!! esta muy buena no me dejes asi Very Happy!

    Mensaje el Miér Nov 04, 2009 12:06 am por Erikam

    Aah!
    Ese cap ta repetiooO!!
    SIGUE MIJA PORFAA!
    Por Diossss!
    Esta buenisimaa!
    Tu siempre tienes unas super novelas!
    =P

    Mensaje el Miér Nov 04, 2009 1:19 am por [[**GaBrIeLlA RaDkE**]]

    sigela x fix no seas mala y x se rrepiten los caps jeje bn siguela scratch

    Mensaje el Jue Nov 05, 2009 1:52 pm por Sadery

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    Mensaje el Jue Nov 05, 2009 1:53 pm por Sadery

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    Mensaje el Jue Nov 05, 2009 7:24 pm por lorena

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    Mensaje el Jue Nov 05, 2009 7:25 pm por lorena

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    Mensaje el Jue Nov 05, 2009 7:25 pm por lorena

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    Mensaje el Jue Nov 05, 2009 8:09 pm por mizZ nick JONAS wife

    omg!!! a likke it sigue!!! sigue!! sigue!!

    Mensaje el Jue Nov 05, 2009 10:45 pm por Sadery

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    Mensaje el Jue Nov 05, 2009 10:46 pm por Sadery

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    Mensaje el Jue Nov 05, 2009 10:46 pm por Sadery

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    Mensaje el Jue Nov 05, 2009 10:50 pm por ale_95_12

    ¿Creías que me importabas? —estaba gritando su novia. La chica tenía buenos pulmones, sin duda—. Sólo me interesaban dos cosas: el sexo y tus contactos en la revista. ¡Nada más!
    A Joe costaba más oírlo, ya que no estaba gritando, pero a _________ le pareció oír algo como «tú siempre me has importado», o tal vez «tú siempre me importarás». Esperó que fuera la primera posibilidad y no la segunda, porque aquello parecía ser una discusión realmente seria. Y de ser así, quería que Joe lo superara con el corazón de una pieza.
    Pero tenía que admitir que las probabilidades de que eso ocurriera eran muy escasas. Joe se había comportado como si aquella mujer le gustara de verdad, y ahora ella le estaba revelando que sólo lo había utilizado como semental y por sus contactos profesionales. Menuda zorra…
    Pero si Joe acababa con el corazón destrozado, saldría de la categoría de hombres comprometidos para meterse en la de hombres recientemente abandonados, y _________ se había jurado que renegaría para siempre de esa categoría. Si, pero era Joe de quien estaba hablando. La estrella indiscutible de sus fantasías prohibidas. Tal vez por él podría hacer una excepción…
    ¡No! Nada de excepciones. Ya había hecho demasiadas.
    —Y te diré algo más —proclamó la que pronto iba a ser la ex novia de Hunter—. ¡El sexo contigo ha sido de lo más mediocre! ¡En una escala del uno al diez, no te mereces más de un cinco bajo!
    ________ se compadeció de Joe, quien sin duda quedaría muy afligido tras aquella furiosa diatriba. Pero si lo que habían estado haciendo no merecía más que un cinco, ella se merecía un Oscar a la mejor actuación.
    —¡Que seas muy feliz! —fue lo último que gritó la enfurecida mujer.
    ________ dio un respingo al oír cómo la puerta del apartamento de Joe se cerraba con un portazo. Se había terminado. Joe, el último hombre a quien ella pensaba que podrían despreciar, acababa de ser rechazado. No podía imaginarse por qué. Tal vez el Instant Replay no le había prometido a la modelo que aparecería en la portada del próximo especial de bañadores y ella había pensado que era culpa de Joe. O tal vez se había vuelto loca.
    Pobre Joe… Su apartamento estaba en silencio, y ella se lo imaginó hundido en un sillón, contemplando la pared como si se cuestionara su propia valía y sus proezas sexuales. ________ había escuchado decir a muchos hombres lo deprimidos que se quedaban cuando los abandonaban, pero para Joe debía de ser como si lo hubieran castrado. ¿Qué hombre podría soportar que le dijeran que no era bueno en la cama? Ninguno.
    No podía soportarlo. Nadie debería estar solo en un momento así. Fingiría que no había oído nada y le pediría ayuda para montar el mueble. Tal vez si Joe demostraba sus habilidades varoniles con un destornillador levantaría el ánimo. Necesitaba una amiga, y ella sería esa amiga. Pero la relación no iría más allá de la amistad. Ella había tomado una decisión y se mantendría firme.


    Joe suspiró y se pasó una mano por el pelo, todavía húmedo. Pamela lo había pillado en la ducha y él había abierto la puerta sin nada más que una toalla con la esperanza de que fuera _______, que lo llamaba para pedirle ayuda con el mueble, y que al recibirla medio desnudo pudiera causarle una impresión favorable.
    Seguramente estaba sonriendo cuando fue a abrir, sin molestarse siquiera en mirar por la mirilla. La primera reacción de Pamela fue devolverle la sonrisa y alargar las manos hacia el nudo que sujetaba la toalla alrededor de sus caderas. Cuando él la detuvo, todo se desmadró.
    Maldición… Había confiado en que Pamela desapareciera de su vida sin más, pero por lo visto no se creía que él no la quisiera en su cama. No podía culparla. Ningún hombre en su sano juicio rechazaría acostarse con ella, e incluso él mismo estaba un poco sorprendido de atreverse a ser el primero. Vestida, Pamela tenía la clase de cuerpo que impedía a los hombres ser políticamente correctos. Desnuda, merecería aparecer en el póster central de la revista más glamurosa.
    Además estaba increíblemente satisfecha con su propio atractivo. Al principio, a Joe lo había excitado su disposición a exhibirse delante de él. Le encantaba masturbarse y que él la mirara. Nunca había conocido a una mujer tan desinhibida, y tenía que admitir que el sexo con ella había sido increíble.
    Era curioso, pero Pamela le había soltado las mismas palabras que él podría haberle dicho a ella. Para él, sólo había sido sexo. En cierto modo le debía un agradecimiento, pues ella le había abierto los ojos a nuevos juegos y experiencias que podían compartirse en el dormitorio. Pero más allá del mutuo placer sexual, con Pamela no quedaba nada.
    De modo que tal vez fuera ésa la fuente de su obsesión por _________. Su deseo era aprovecharse de la mentalidad del «todo vale» que había aprendido con Pamela y aplicarla a alguien con quien pudiera hablar después de un orgasmo. O al menos ése había nido mi deseo antes de que Pamela le pusiera nota. Un cinto bajo. Maldición. Intentó convencerse de que lo había dicho porque estaba dolida, pero Pamela tema muchísima experiencia y quizá él no hubiera estado a la altura.
    Demonios, ¿cómo podía saber un hombre lo que una mujer pensaba realmente de sus habilidades sexuales? Para una mujer era muy fácil fingir. Ahora se preguntaba si Pamela había estado fingiendo sus múltiples orgasmos con la única intención de garantizar su aparición en la portada del Instant Replay. Él habría jurado que sus gemidos eran sinceros y había sentido sus temblores y contracciones, pero una mujer con buenos músculos tal vez pudiera fingir eso también. Ya no sabía qué creer.
    Pero quedándose allí inmóvil no iba a conseguir nada, así que pensó en vestirse y preparar la cena. _________ ya debía de tener listo su mueble, por lo que había perdido su oportunidad de oro. Dejó escapar otro largo suspiro y volvió al dormitorio mientras se aflojaba el nudo de la toalla:
    El timbre de la puerta sonó antes de que pudiera llegar a su habitación. Mientras desandaba lo andado, se recordó a sí mismo la lección que había aprendido por las malas aquella tarde. Desde ahora en adelante, nunca más volvería a abrir la puerta sin antes mirar por la mirilla.
    Maravilla de maravillas. _________ esperaba al otro lado, vestida con un top atado al cuello que hacía la boca agua y sus vaqueros cortos y deshilachados. Iba descalza. Joe nunca había visto los dedos de sus pies porque siempre calzaba zapatillas deportivas cuando bajaba al lavadero. Tenía las uñas pintadas de un brillante color coral. Muy sexy.
    Abrió la puerta, aunque a esas alturas su pelo estaba demasiado seco como para aparentar que acababa de salir de la ducha. De hecho, su escaso atuendo no podría parecer más inapropiado, como si fuera un nudista que no perdiera tiempo en desnudarse cuando llegaba a casa.
    Como era de esperar, la sonrisa de ________ se esfumó al bajar la mirada.
    —Eh… no quería molestar.
    —No me molestas. Estaba en la ducha, y luego… luego me puse a ver el partido de los Cubs.
    Patético.
    Por alguna razón, ella pareció creerlo, a pesar de que el televisor estaba apagado.
    —Oh. ¿Estabas… mm, estás viendo el partido?
    —No. Están perdiendo.
    —Ah, entonces de acuerdo —dijo ella, sonriendo de nuevo—. ¿Hablabas en serio cuando me ofreciste tu ayuda para montar el mueble? No consigo aclararme con las instrucciones.
    Por poco seguro que estuviera de sí mismo, sería un imbécil si desaprovechara una oportunidad semejante.
    —Estaré encantado de ayudarte. Deja que me vista y enseguida estoy ahí.
    —Genial. Tengo cerveza.
    —¿Cerveza?
    _______ pareció desconcertada.
    —Ya sabes, para beber algo cuando acabemos —dijo, mirándolo con los ojos entornados—. ¿No bebes cerveza?
    —Sí, claro que sí —respondió él. La oportunidad estaba creciendo exponencialmente—. Y también podríamos pedir una pizza, si te parece.
    —¡Perfecto! —exclamó ella con una radiante sonrisa—. Hasta ahora.
    —Dame cinco minutos.
    —Los que necesites —dijo ella, encaminándose hacia su apartamento—. Y trae tu destornillador —añadió es lo que más necesito. Aunque no sé si seguirás dispuesto a ayudarme cuando veas todo lo que hay que enroscar.
    —Creo que podré arreglármelas —respondió él, haciendo lo posible por mantener una expresión serena.
    Lindsay pareció entonces darse cuenta de las connotaciones que tenían las palabras «destornillador» y «enroscar», porque se puso roja como un tomate.
    —Quiero decir que… parece muy complicado.
    —Te he entendido muy bien —le aseguró él, pero tuvo que morderse el interior de la mejilla para no reír.
    —Hasta ahora —repitió ella, y entró rápidamente en su apartamento.
    Joe cetro la puerta y sonrió. Qué estimulante resultaba a una mujer que podía ruborizarse. Si conseguía ayudarla a montar el mueble, estaría haciendo progresos. Y quizá en un futuro no muy lejano pudiera descubrir lo que era hacer el amor con ________ Scott… Bueno, eso una vez que se recuperara de la evaluación de Pamela. Aunque tal vez una mujer que se ruborizaba no se percatara de que él apenas había conseguido un cinco.

    Mensaje el Jue Nov 05, 2009 10:50 pm por ale_95_12

    Capítulo 2


    «Oh, Dios mío, oh, Dios mío, oh, Dios mío». ________ estaba tan conmocionada que tuvo que apoyarse contra la puerta. Había visto a Joe prácticamente desnudo. Ahora conocía la ligera capa de vello que le cubría los pectorales y que descendía en una línea oscura hacia el vientre. Conocía el color de sus pezones… rosa oscuro. Sabía dónde tenía aquel lunar tan simpático… a la izquierda de sus impresionantes abdominales.
    Y bajo la toalla blanca llevaba… absolutamente nada. No se explicaba cómo había podido mantener una conversación normal con él sin caer babeando ante sus pies desnudos. Aunque tampoco había sido una conversación normal. Lo había invitado a usar su destornillador para que pudieran enroscar…
    Se llevó las temblorosas manos a las mejillas, que aún le ardían. ¿Cómo podía haber dicho esas cosas? Ella jamás cometía un desliz semejante, si bien nunca había estado frente a su adorado dios envuelto en una toalla. Pero la gran pregunta era: ¿cómo había podido dejarlo su novia? ¡Estando casi desnudo!
    Fuera quien fuera aquella loca, sin duda había dejado de tomar sus medicamentos. Ninguna mujer mentalmente sana podría mirar a Joe semidesnudo y a continuación romper con él. Era algo incomprensible. A menos… a menos que Joe la tuviera pequeña… Pero no, no era probable. Aunque ella no había visto lo que escondía la toalla, se resistía a creer que Dios pudiera crear a un adonis como Joe y dotarlo de una herramienta diminuta. Ni hablar.
    Pero eso a ella no le importaba, naturalmente. Pequeña, grande o mediana no tendría la menor importancia, puesto que ella no iba hacer nada con esa parte de su anatomía. Sólo quería animarlo tras haber sido rechazado por su malvada ex novia. Aunque no estuviera particularmente bien dotado, lo cual no parecía muy probable, no se merecía una despedida semejante ni un cinco bajo de nota.
    Sherman… Aquél sí que no merecía más que un cinco. Ni siquiera un tres, teniendo en cuenta cómo le había dolido la cabeza a __________ durante dos días. Era imposible que Joe, con un cuerpo como el suyo, una sonrisa como la suya y unos grandes ojos pardos como los suyos, pudiera recibir la misma nota que Sherman. Al menos en eso _________ confiaba en su instinto.
    Aún seguía apoyada contra la puerta cuando Joe llamó, haciéndole dar un respingo. Miró la hora en el reloj de pared y comprobó que, efectivamente, había estado cinco minutos sin moverse.
    Joe estaba allí.
    Abrió la puerta y se apoyó en una cadera con la mano en el pomo, intentando adoptar una postura de relajación total, como si no acabara de verlo casi desnudo.
    —Hola —lo saludó. «Veo que te has vestido. Qué lástima».
    —Hola.
    Mientras miraba su camiseta de los Cubs y sus shorts caqui, pareció desarrollar una visión de rayos X. La ropa de Joe se desvaneció milagrosamente, salvo sus calzoncillos, o slips o cualquier otra cosa que cubriera su p*@e. Para aquella zona no podía hacerse ninguna imagen mental.
    —He traído mi destornillador —dijo él, sosteniendo en alto la herramienta de catorce centímetros.
    —Vaya, eso sí que es un destornillador —dijo ella, apartándose para dejarlo pasar. Se preguntó si los hombres comprarían destornilladores grandes para compensar el tamaño de su herramienta más preciada. Por supuesto a ella no le importaba. En absoluto. No estaba disponible para un hombre al que acabaran de abandonar, fuera cual fuera el tamaño de su destornillador.
    —Puede que sea demasiado grande para este trabajo —dijo él—. Pero es el único que he podido encontrar. Creo que lo utilizaba para el coche.
    —No sabría decir si servirá o no —respondió ella, señalando el desorden que cubría el suelo—. Ni siquiera he averiguado cómo encajar las partes, y mucho menos cuáles son los tornillos para cada agujero.
    Todo lo que decía le sonaba sexual, aunque no fuera su intención. Porque no era su intención. De verdad que no. Y no le miraría la bragueta. No lo haría.
    Joe observó las piezas desperdigadas por el sucio y golpeó la hoja del destornillador contra su palma.
    —¿El mueble venía con instrucciones para montarlo?
    «Sí, y yo me voy a montar sobre ti si me llevas a la cama».Todo le recordaba al sexo.
    —¿Te refieres a las que he tirado bajo el sofá—cama?
    ¿Por qué había tenido que decirle que era un sofá—cama? ¿Acaso a él le importaba? ¿Era absolutamente imprescindible que pronunciara la palabra «cama» en la conversación? No. Pero en esos momentos estaba obsesionada con todo lo referente al sexo. Pasó por encima de dos tablas y recogió el manual de instrucciones del suelo.
    Joe se aclaró la garganta.
    —Esos sofás—cama son ideales cuando se tienen visitas. Y ése parece bastante bueno.
    —Lo uso cuando vienen mis padres —dijo ella. Eso estaba mejor. Hablar de sus padres conservadores la ayudaría a mantener la cabeza despejada de toda entonación sexual—. A ellos les dejo mi cama y yo duermo aquí. Es muy cómodo. Firme y calentito…
    Pues no, por lo visto era imposible mantener la cabeza despejada cuando se estaba cerca de un hombre como Joe.
    —Eso parece —dijo él, observando los cojines azules.
    —Es casi como una cama —añadió ella. «¿Quieres probarlo?».
    —Y cuando montes este módulo —dijo él, señalando las piezas con su enorme destornillador—, podrás ver películas o escuchar música en la cama.
    —Así es.
    Oh, cielos… Quería desplegar la cama sin perder más tiempo y olvidarse de aquel maldito mueble. Estaba convencida de que Joe podría proporcionarle más diversión que cualquier aparato que instalase en aquellas baldas. Y también estaba convencida de que, a pesar de lo que había dicho su ex novia, su herramienta funcionaría a las mil maravillas.
    —En ese caso, deberíamos empezar —dijo él, extendiendo la mano—. Deja que eche un vistazo a esas instrucciones.
    ________ le tendió el manual, al tiempo que se recordaba a sí misma que su objetivo era animarlo un poco y nada más. Para ello le permitiría que la ayudara a montar el mueble, pero no iba a alimentar su ego acostándose con él en el sofá—cama y convenciéndolo de que se merecía más de un cinco. Al fin y al cabo, se suponía que ella no había oído cómo su ex novia lo calificaba y lo mandaba al infierno.
    Pero sí lo había oído, y mientras se sentaba en el sofá—cama y lo veía examinando las instrucciones, pensó en el cómodo colchón plegado justo debajo de ellos. Joe parecía un buen tipo, y ella podía imaginarse cómo las palabras de su novia zumbaban en el fondo de su mente. Eran palabras realmente duras, y _________ se preguntó si montar un módulo para el televisor sería consuelo suficiente.


    Una hora después, Joe contempló la tambaleante estructura de madera que había apoyado contra la pared. Varias piezas no habían encajado en el diseño y yacían acusadoramente sobre la alfombra, Joe volvió a repasar las instrucciones, preguntándose dónde habría fallado.
    —¿Una cerveza? —le ofreció ________, saliendo de la cocina con una lata helada en cada mano.
    No había sido de mucha ayuda en el montaje, pero a Joe le había encantado tenerla a su alrededor mientras intentaba descifrar la combinación exacta de las piezas.
    —Creía que la cerveza era para después de haber acabado.
    Ella le sonrió y le tendió la lata abierta.
    —¿No está acabado?
    —¿Te parece que esté acabado? —preguntó él, tomando un sorbo.
    —Bueno… —miró con ojos entornados el mueble, que había empezado a inclinarse hacia la izquierda—. Supongo que es un poco… inestable —su rostro se iluminó súbitamente—. Quizá si colocamos el televisor sirva de contrapeso.
    —Hazlo y adiós al televisor. Este mueble necesita más dedicación antes de servir de utilidad.
    —Si tú lo dices. Pero creo que deberíamos hacer un descanso —dijo ella. Se dejó caer en el sofá y tomó un largo trago de su cerveza.
    —Supongo que tienes razón —aceptó él, y se sentó junto a ella con cuidado de no acercarse demasiado. ________ era terriblemente atractiva.
    Permanecieron sentados un rato, bebiendo cerveza y observando el mueble.
    —¿Sabes? A mí no me parece que esté tan mal —dijo ella finalmente.
    —Cuanta más cerveza bebes, mejor aspecto tiene.
    —Buena idea —dijo ella, tomando otro sorbo—. ¿Tienes hambre?
    —La verdad es que sí —respondió él. Así era como se había imaginado exactamente una velada con ________. Sin presiones de ningún tipo, en afable compañía. Habían hecho una chapuza con el mueble, pero sin discutir ni pelearse. _________ no parecía en absoluto disgustada por su falta de maestría con el destornillador.
    —En ese caso vamos a pedir una pizza —propuso ella—. ¿Te importa que sea vegetal?
    —Como quieras. Supongo que no me hará ningún daño incluir comida sana en la dieta.
    —Exacto —se levantó, agarró el teléfono inalámbrico de la pared contigua a la cocina y realizó el pedido.
    Por su parte, Joe también se levantó del sofá y se sentó en el suelo junto a las piezas sobrantes de madera para seguir mirando las instrucciones.
    —No importa que nos sobren piezas —dijo _________, sentándose junto a él y recostándose contra el sofá. Estiró sus largas piernas bronceadas y siguió bebiendo su cerveza—. Podría aprovecharlas como baldas bajo el lavabo del baño.
    —Pero no deberían sobrar tablas. Por eso se tambalea —observó él, apoyándose en el sofá junto a ella, de modo que sus hombros se rozaron ligeramente. El tacto le resultó muy agradable. Dios… _________ tenía unas piernas increíbles.
    Una vez más volvieron a quedarse en silencio, bebiendo cerveza.
    —Necesita más soporte —dijo él finalmente. La cerveza lo estaba volviendo muy meloso, y recordó que no había comido mucho en el almuerzo, por lo que el alcohol lo estaba afectando más rápido de lo normal.
    —Bueno, creo que deberíamos atornillarlo a la pared y dejarlo así —sugirió ella.
    La sensación cálida y acogedora se tornó abrasadora instantáneamente. Joe visualizó a _________ contra la pared, con los shorts bajados hasta los tobillos…
    Se esforzó al máximo por borrar aquella imagen.
    —El casero se pondría como un energúmeno si hiciéramos eso. Además, no podrías llevarte el mueble cuando te mudes —arguyó. Aquel pensamiento le resultaba deprimente. __________ mudándose…
    —No voy a mudarme —declaró ella, rozándolo con el hombro y el muslo—.Vamos a empotrarlo.
    A Joe le gustaba el roce corporal, pero deseó que dejara de utilizar palabras con doble sentido. Le estaba costando demasiado esfuerzo borrar la imagen de su trasero desnudo contra la pared, rodeándole las caderas con las piernas y con el top desanudado.
    —Antes deberíamos encontrar los tachones.
    —Se dónde hay uno.

    Mensaje el Jue Nov 05, 2009 10:54 pm por ale_95_12

    Joe la miró, preguntándose si estaría pensando lo mismo que él.
    —¿Sí? —preguntó con la voz ligeramente rasposa.
    Si en aquel momento ella le tendiera la mano y le propusiera que se fueran al dormitorio, no creía que fuera capaz de resistirse.
    Pero ella no lo hizo. Sin soltar la lata de cerveza, se desplazó hasta la pared y la golpeó con el puño.
    —Aquí hay un tachón. Había un cuadro colgado, pero lo quité ayer. El clavo golpeó madera sólida al clavarse en la pared.
    —Oh —murmuró él. No sabía si alegrarse o lamentarse de que _________ no se le estuviera insinuando.
    Un momento… Ella no sabía que él había roto con su novia. Si empezaba a tontear con él, significaría que estaba intentando separarlos. Y eso no estaría bien.
    —Manos a la obra —dijo ella. Se colocó frente al mueble ladeado y lo empujó con ambas manos, lo que hizo parecer aún más respingón su precioso trasero—. Clavaremos una tabla por detrás, y usaremos esos tornillos largos que nos han sobrado para asegurar el mueble a la pared. ¿Qué te parece?
    Lo que a Joe le parecía era que estaba frente a una mujer demasiado sexy que le estaba provocando una dolorosa erección.
    —Creo que tenemos que desatornillar la tabla superior y colocar la balda que nos ha sobrado.
    —Demasiado trabajo. Vamos a usar el tachón y un tornillo largo y duro —dijo ella, mirándolo con un brillo desafiante en sus ojos azules.
    Joe no podía dejar de pensar en que se le estaba insinuando. Estaba dudando si preguntárselo directamente o no cuando el sonó el timbre de la puerta.
    —La pizza ha llegado —dijo ella, soltando el mueble, que se inclinó aún más hacia la izquierda.
    Salvado por la pizza. En el fondo, Joe no quería enfrentarse al dilema, o al menos de eso intentaba convencerse. Si ella le decía que no se estaba insinuando, se sentiría como un idiota. Y si admitía estar haciéndolo, le daría una imagen muy pobre de sí misma por intentar robarle el novio a otra mujer. Él ya no era el novio de nadie, pero ella no lo sabía.
    Dejó la lata vacía y se levantó para sacar la cartera del bolsillo.
    —Déjame a mí.
    —De ninguna manera. Tú me estás ayudando con el mueble, así que invito yo —declaró ella, agarrando el bolso de una percha junto a la puerta.
    —Teniendo en cuenta cómo está quedando el mueble, debería pagar yo.
    —No —insistió ella. Abrió la puerta, recibió la pizza de un chico con una camiseta roja y sacó un par de billetes—. Gracias. Quédate con el cambio.
    —De acuerdo —dijo Joe cuando ella cerró la puerta—. Tú ganas. Pero la próxima vez corre de mi cuenta.
    —Muy bien —aceptó ella, acercándose con la caja de la pizza y con servilletas de papel—. Podríamos sentarnos en la cocina, pero prefiero quedarme aquí y ver cómo progresa nuestro trabajo.
    —Me parece bien. ¿Quieres que traiga más cerveza?
    Ella frunció el ceño.
    —Oh, eso va a ser un problema. No me queda ninguna.
    —No hay problema. Tengo algunas en mi nevera. Enseguida vuelvo.
    —Dejaré la puerta abierta.
    —Como en Friends —dijo él con una sonrisa.
    —¡Lo sé! Y también como en Seinfeld. Nadie cierra nunca la puerta en esas series. Ni tampoco llaman antes de entrar.
    —¿Quieres que llame?
    —No —negó ella, riendo—. Sabré que eres tú, tonto. Ve a por más cerveza. La necesitaremos para acabar con esto.
    —Estoy de acuerdo —corroboró él, sonriendo para sí mismo.
    Corrió hacia su casa y fue directamente a la cocina. No podía recordar cuándo fue la última vez que se había divertido tanto. Aquello era genial, yendo de un apartamento a otro, pidiendo pizza, compartiendo cerveza…
    Aún estaba desconcertado por el comentario de «vamos a usar el tachón y un tornillo largo y duro», pero tal vez esas palabras habían estado provocadas por el alcohol. Una sola cerveza había bastado para hacerlo sentirse condenadamente ligero, y ella pesaba mucho menos que él. Era muy probable que a ________ la cerveza la hubiera afectado aún más, sobre todo si tampoco había comido mucho aquel día.
    Agarró un pack de seis cervezas de la nevera y cerró la puerta. Por un breve instante se preguntó si debería llevar las seis latas. Si una cerveza conseguía que _________ hiciera esos comentarios tan provocativos, ¿qué no conseguirían tres?
    No quería esperar a averiguarlo. Después de todo, se había prometido a sí mismo que procedería con calma y cuidado. La suya era una estrategia a desarrollar durante semanas, no durante unas pocas horas.
    Ah, demonios… Dudaba de que se tomaran más de una, pero era más fácil llevar el pack completo que separar un par de latas. Aunque si llevaba las seis y la situación se descontrolaba… ¿sería capaz de rechazar una oportunidad semejante?
    Siendo realista, tenía que admitir que no sería capaz. En esas circunstancias, cuando una mujer hacía comentarios sobre tachones y clavos largos, un hombre debía ser lo bastante precavido para meterse un par de preservativos en el bolsillo. No esperaba usarlos… Desde luego, no era su intención usarlos. Pero puestos a pensar en ello, llevar protección encima tal vez redujera las posibilidades de tener sexo, igual que llevar un paraguas era garantía segura de que no iba a llover.
    De modo que llevaría un par de preservativos consigo… como un remedio infalible para impedir que hubiera sexo con ________.


    La pizza absorbió parte de la cerveza en el organismo de Lindsay, lo cual era una buena cosa. Después de la media lata que se había tomado antes de llamar a Joe y de la lata completa que se había tomado antes de que llegara la pizza, se sentía demasiado juguetona y dispuesta a quebrantar su regla de evitar a los hombres recién abandonados. Antes había tonteado descaradamente con él, pero tras un par de suculentas porciones de pizza con queso consiguió recuperar el control de sus impulsos.
    —¿Entonces estás contenta de vivir en este apartamento? —le preguntó Joe, acabándose su cuarta porción de pizza.
    —Eh, sí, claro —respondió ella, percatándose de que lo había estado observando con demasiado interés. Pero no podía evitarlo; tenía una boca grande y sensual, y ver cómo sus dientes blancos y perfectos mordían la pizza le provocaba un estremecimiento—. Cuando hace buen tiempo puedo ir a pie al trabajo, y en los días muy calurosos como hoy, o en invierno, tomo el autobús —explicó. Y además era vecina de Joe, lo que para ella era el único beneficio que realmente importaba.
    —A mí también me gusta. Es un buen sitio. Muy tranquilo —dijo él, apurando su cerveza.
    —Bueno, no tanto —¡ups! Debería haber estado de acuerdo con él—. Quiero decir… sí, es tranquilo.
    Joe la miró fijamente.
    —¿Qué quieres decir con «no tanto»? ¿Estoy haciendo demasiado…?
    —¿Te apetece otra cerveza? —lo interrumpió ella, arrebatándole la lata vacía de la mano.
    —Bueno, yo…
    —Yo sí voy a tomar otra —dijo, apurando rápidamente el resto de su lata. Cielos. Lo último en lo que Joe necesitaba pensar era el sexo salvaje que había disfrutado con su novia, esa maldita bruja que se había deshecho de él como un trapo viejo.
    —¿Estás segura de que quieres otra? —le preguntó él.
    —Completamente —afirmó ella, llevándose las latas vacías a la cocina. Una vez allí, se golpeó la frente contra la puerta de la nevera. No debería estar permitido beber y hablar al mismo tiempo.
    «¿Qué demonios estás haciendo, ________?». Su lengua estaba cada vez más desatada. No se bebería la cerveza que estaba sacando de la nevera. Sólo fingiría estar haciéndolo. Si tomaba una gota más de alcohol, no se atrevía a aventurar lo que podría decir. O hacer.
    Mientras volvía al salón, decidió cambiar de tema. Le dio la cerveza y permaneció de pie, centrando la atención en el mueble.
    —Se me ha ocurrido una idea. ¿Qué tal si apoyo mi sillón contra el lateral que se tambalea? Si me sostienes la cerveza, lo hago ahora mismo.
    Él hizo un gesto de rechazo con la mano.
    —No vayas a mover el sillón. Es absurdo —dijo, palmeando el suelo junto a él—.Ven aquí y siéntate. Vamos a estudiar otras opciones.
    —Creo que el sillón es la mejor opción —insistió ella, pero se sentó a su lado. En realidad no le apetecía arrastrar el sillón. Era muy pesado.
    —Sujetar el mueble con el sillón no es la mejor opción, aunque así te lo parezca —replicó él—. Porque entonces no podrás ver la televisión sentada en el sillón. Y es posible que lo necesites para ver la televisión cuando tengas visita.
    —Es posible.
    —Cuando nos hayamos acabado la cerveza, quitaremos el estante superior y añadiremos el intermedio. Eso solucionará el problema.
    —De acuerdo —aceptó ella.
    —Escucha, _______. He estado pensando algo. Mi apartamento está en un extremo del edificio, así que eres la única vecina que puedo oír, y de tu casa no sale mucho ruido. Por lo que has dicho antes, ¿he de suponer que soy yo quien ha estado armando escándalo?
    Ella tomó un trago de cerveza y pensó lo pésima mentirosa que era.
    —Oh, no. De verdad que no.
    —¿Te he estado molestando?
    —No, en absoluto.
    —Yo creo que sí. Te has puesto colorada, como si te avergonzaras por algo.
    ________ se preguntó si habría alguna manera de provocar una reacción contra el rubor.
    —No me has molestado, en serio. Normalmente estoy aquí sola, así que es lógico que no me hayas oído —arguyó, sintiéndose fatal por sus embustes—. Lo que quiero decir es…
    —Espera. Creo que me hago una idea —la interrumpió él, observando la habitación—. El plano de tu apartamento es simétrico al mío, lo que significa que tu dormitorio… Oh, cielos.
    _______ fue incapaz de mirarlo. Tomó otro trago de cerveza y fijó la vista en el tambaleante módulo.
    Joe se aclaró la garganta.
    —Por favor, Lindsay, dime que no puedes oír todo lo que sale de mi habitación.
    —No… con mucha claridad —balbuceó. «Salvo cuando pego un vaso a la pared».
    Él soltó un gemido y se dejó caer en el sofá—cama.
    —Lo has oído todo. Oh, Dios mío, ahora soy yo el que se avergüenza. Si no hubiera tomado tanta cerveza, estaría tan abochornado que tendría que marcharme enseguida. Pero en vez de eso me quedaré aquí y te preguntaré si hay alguna manera de hacerte olvidar lo que has oído.
    «Ni en un millón de años», pensó ella, presionándose la fría lata de aluminio contra la acalorada mejilla.
    —No tiene importancia. Creo que estamos muy tensos por nada. Quiero decir… hace tiempo, las familias tenían que vivir en una sola habitación, y no había…
    —________ —la cortó él. Dejó la cerveza y le puso una mano en la barbilla para obligarla a mirarlo—. Lo siento terriblemente, y te prometo una cosa… no volverás a oír nada.
    Ella lo miró a sus grandes ojos pardos, tan llenos de pesar que la hicieron sentirse la persona más cruel del mundo por recordarle que su novia lo había abandonado sólo unas horas antes.
    —Ella es una idiota.
    Él sonrió dulcemente y le acarició el mentón con el pulgar.
    —No, no lo es —dijo con suavidad—. Es sólo…
    —¡Por el modo en que gemía, no puedes merecer sólo un cinco! —exclamó ella, pero enseguida cerró los ojos con fuerza—. No pretendía decir eso. Lo siento, Joe. Yo…
    La boca de Joe le cubrió la suya, acallando su disculpa.
    Teniendo en cuenta cómo lo había estropeado todo, _______ pensó que haría bien en soltar la cerveza y devolverle el beso. Era lo más apropiado entre buenos vecinos.

    Mensaje el Jue Nov 05, 2009 10:54 pm por Sadery

    waaaaaaaaaaaaaa al fin!!!! yeahh!!!

    Mensaje el Vie Nov 06, 2009 12:10 am por Flor_Jobros

    me encantaa!!

    Mensaje el Vie Nov 06, 2009 12:50 am por Fer-JB

    AHHHH!!!!!!
    WUO!!!!!
    LAS NOVES K SUBES SON LAS MEJORES, SIN DUDA ALGUNA, POR FABOR SIGUELA!!!!
    TE LO SUPLICO!!!!! ME ENCANTA!!!!!
    SIGUE!!!!!
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    Mensaje el Vie Nov 06, 2009 12:54 am por Fer-JB

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